Los hechos de la historia son reales y completos, hasta que se conocen las vivencias de sus protagonistas”.
Tomando como premisa, el rescatar los acontecimientos históricos que se dieron en la creación de la Preparatoria Popular, nos dimos a la tarea de contar de manera sencilla, desde el punto de vista de sus protagonistas, el acontecer diario con todos sus recuerdos y decisiones que marcaron no sólo la vida futura de ellos mismos, sino también de una escuela, de una sociedad y ¿por que no?, de un País.
El presente libro narra esta historia de una manera indirecta desde el acontecer diario mostrando imágenes y sensaciones que acompletan la memoria histórica, sin tratar de falsear, ni magnificar o minimizar lo que cada uno vivió desde su muy particular visión.
Una creencia común es que mientras más se paga en colegiaturas mejor educación se tendrá. Es un concepto muy difundido y que sólo favorece a las escuelas de paga y a los comerciantes de la educación que la ven como un gran negocio. Y vaya que los hay “negocios” bien cimentados y prósperos centros seudo educativos en nuestro país, incluidos los mentados “patito”.
A decir verdad no intentamos en este libro desentrañar el termino educación popular de una manera intelectual o académica, sino vivencial, demostrar que desde nuestra experiencia como alumnos de la Preparatoria Popular hemos vivido un proceso educativo diferente.
Ahora sabemos que la enseñanza no se da solamente en las aulas. Experimentamos en carne propia lo que significa crear una escuela desde sus inicios, luchando por el reconocimiento, consiguiendo maestros. Limpiando salones, pasillos y baños. Consiguiendo el material necesario para la labor didáctica, muchas veces teniéndolo que crear.
Organizamos pragmáticamente el funcionamiento de la escuela durante años, siempre teniendo cuidado con los apáticos, arribistas, gandallas, zánganos oportunistas, erizos, orejas, saboteadores infiltrados. Muchos de ellos en nómina del gobierno.
En las asambleas tratamos de esclarecer el rumbo que tomaríamos viviendo apoteóticamente las tormentas de ideas. Las oleadas de teoría y los azotes verborréicos de los sublimes visionarios amateurs enamorados del rollo.
Se ha vivido diariamente el crecimiento de ser autogestivos y en muchos aspectos nos formamos como autodidactas. Por eso, nos hemos exigido mayor responsabilidad en nuestro proceso formativo asumiendo el desafío con honestidad y paciencia.
En la Preparatoria Popular tuvimos la oportunidad de relacionarnos con los mejores maestros de México, algunos de ellos autodidactas sin trabajo permanente a pesar de demostrar su capacidad con creces. Otros encerrados en Lecumberry, por ser consecuentes con su labor limpia y honesta de ser maestros, llenaron plenamente la categoría de presos políticos. Por negarse a callar o claudicar. Por insistir, en seguir fomentando la semilla de la creación en una juventud fresca y ávida de enseñanzas, con el ejemplo digno de sus vivencias.
Tuvimos oportunidad de convivir con esa categoría de maestros a los que les interesaba la transmisión de una actitud crítica ante la vida como base fundamental del conocimiento.
Aprendimos en las calles hasta donde puede llegar la brutalidad de las autoridades por la falta de un canal abierto a la comunicación sana.
La edición de este material es un intento concreto de continuar con esa “cadenita” de transmisión vivencial, de enseñanza extraoficial que alimenta directamente al espíritu.
La experiencia de la Preparatoria Popular en el ámbito educativo y social es toda una lección, una propuesta digna que no se debería olvidar, sobre todo porque se dio en medio de un clima represivo sin paralelo en la historia de nuestra nación. Una etapa que se ha dado en llamar de “guerra sucia.” El ejercicio de la libertad de pensamiento que se obtuvo literalmente a sangre y fuego durante esa etapa es significativo.
“El conocimiento no es privilegio de unos cuantos sino derecho de todos a pesar que la sociedad aún no esté preparada para administrar los recursos equitativamente”.
No se trata de repetir el esquema de los “iluminados”. No se trata de preparar a los “elegidos”. La educación debe de servir para mejorar la calidad de vida de la sociedad. Nunca debería de ser usada para reprimir, sobajar o marginar a los que no tienen acceso a ella.
“Un pueblo educado es difícil de manipular. Un pueblo educado no es corrupto. Un pueblo culto es un pueblo libre”.
La Preparatoria Popular fue eso, una constante retroalimentación de aprendizaje mutuo partiendo de la vida diaria del pueblo mexicano, de sus padecimientos, de sus anhelos, de sus luchas.
Por esto consideramos que la educación popular es un sueño posible.
Por esto la propuesta de educación popular representa todo un desafío a la estructura de las instituciones burocratizadas y representa una posibilidad viva de cambiarlas.
Ojalá que este granito de letras contribuya a revitalizar el ideal de que la educación es un derecho de todos. Y de que esta lucha debe ser enfrentada con una nueva visión, sin compromisos mezquinos.
Como otras escuelas los exalumnos de esta escuela singular tratan de reunirse periódicamente para celebrar que se “sigue vivo” que, en estos tiempos, ya es un triunfo.
Ya desde hace mucho existía la inquietud de escribir “algo” sobre la experiencia de la Preparatoria Popular en sus primeros años, pero la sola idea de hacerlo plantea varios problemas y preguntas: ¿Por que? ¿Para que? ¿cómo? ¿Con que recursos? ¿En que tiempos? ¿Con que intención?
Algunas personas piensan que la creación de esta prepa fue un “parte aguas” en la vida educativa en México. Que fue la que, de una forma o de otra, propició la creación de más centros de estudios de enseñanza media superior en la ciudad, como es el caso específico de los Colegios de Ciencias y Humanidades.
Hay quienes sostienen que no fue tal y afirman que sólo fue un “semillero de activistas político-sociales” de “vándalos pintaparedes”, de inadaptados y lúmpenes que no tienen ningún respeto a las instituciones.
Hay quienes aseguran que fue un “nido de guerrilleros” y “mal vivientes” que clandestinamente se reprodujeron como viruelas y que son los causantes de la violencia social en nuestra nación.
También hay a los que les da pena acordarse que estuvieron ahí y lo omiten en sus “curriculums” para evitar explicaciones innecesarias, sobre todo cuando se aspira a un puesto oficial.
Hay quien ni siquiera sabe que existió una escuela de ese tipo, una propuesta de autogestión educativa pionera del movimiento estudiantil del 68.
Para los que tuvimos la oportunidad de iniciar nuestras carreras en esta escuela creada por el movimiento de rechazados, resulta casi un deber el comunicar lo que fue este movimiento tan significativo para nuestras vidas.
Pero la idea puede tener miles de interpretaciones y variantes, tantas como alumnos ha tenido esta escuela. Ya son decenas de generaciones que han pasado por ahí rumbo a la Universidad y también muchos los conflictos y problemas que han enfrentado en sus diferentes etapas de existencia.
¿Por donde empezar? Después de 30 años ya nada es igual, cada uno tiene sus propios grados de amnesia y visiones nebulosas de aquel tiempo. También cada uno tiene sus compromisos, sus responsabilidades. Su trabajo, si se tienen suerte. ¿Hijos? La mayoría, algunos ya hasta nietos. ¿En que tiempo se puede realizar un proyecto de este tamaño? ¿Quien tiene la preparación, la información?, ¿Quien cuenta con el método de investigación para llegar a un resultado serio? ¿Quien pondrá el dinero para realizarlo? ¿Le interesará a alguien lo que digamos? ¿No será una pérdida de tiempo mirar al pasado? ¿Tendrá algún caso juntar testimonios? ¿Tendrá sentido hacernos entrevistas? ¿No será que nos queremos evadir de nuestro presente ocultándonos en los agujeros del olvido? ¿Para que abrirnos nuevamente las cicatrices? ¿Para que insistir en la memoria del dolor? ¿Que caso tiene recordar el pasado?.
Después de varias reuniones nos dimos cuenta de que, a lo mejor por lo anterior, la idea de escribir sobre esa etapa solo se quedó en intentos. Nos dimos cuenta, una vez más, que nuestro sentido de organización se pondría a prueba a cada paso y que no bastaba con seguir buscando esa solidaridad desinteresada de la juventud. Ya la edad nos reclama más madurez, más compromiso, mejores resultados. A estas alturas “del partido” ya no se puede perder el tiempo en babosadas, ¿Que hacer? ¿Sería mejor el no hacer nada?.

No nos desanimamos, con la terquedad que también los años dan, insistimos, nos estimulamos entre nosotros. También con la buena noticia de la reciente aparición del libro “LA ESCUELA IMPOSIBLE” de Fernando Castillo y Jorge Maza se realimentó nuestro ánimo y nos motivó a dar “el último estirón”.
El tener la oportunidad de reencontrar antiguos compañeros de andanzas, en este caso de exalumnos de la primera y segunda generación de la PREPARATORIA POPULAR, y meternos a la responsabilidad de juntarnos y disfrutar la nostalgia para convertirla en algo creativo. Fue toda una labor titánica que hemos vivido con entusiasmo.
Nos enfrascamos, en esta tarea por más de dos año, con reuniones semanales o quincenales, a veces con pausas prolongadas. Y estos son los resultados.
En el lado individual se decidió que cada uno se fuera por el camino que considerara el más favorable. Desde el principio se planteó que trataríamos de compartir nuestra visión de esa época por el medio que se considerara el mejor.
Debemos confesar que estamos gratamente sorprendidos por la camaradería que se vivió en el proceso. Por como se superaron los problemas que se fueron presentando, y sobre todo, por la calidad de los resultados.
En el lado histórico se recopiló material, seleccionando el que podíamos publicar con el deseo de compartirlo. La limitante económica fue preponderante en esta selección ya que la limitó a lo más fundamental. Pero ponemos a disposición los documentos y materiales encontrados a sabiendas que aún falta mucho trabajo por hacer.
Los pueblos no pueden perder la memoria de sus movimientos sociales, de sus propuestas de organización, de sus logros. El olvido lacera la historia colectiva y nos puede llevar a cometer los mismos errores y a menospreciar los múltiples aciertos. Ahí la importancia de rescatar nuestras historias y compartirlas.
Esta apenas es una parte de lo que quisiéramos contar. Tratamos por todos los medios de ubicar nuestros relatos en la época de la Preparatoria Popular (1968-73) pero como no es tan clara la memoria de esa etapa de nuestras vidas, a menudo se revuelve con otras. Han pasado tantos años... De todas maneras ha sido muy disfrutable el reencuentro con nuestras vivencias y el desafío de recrearlas; compartiéndolas. Nuestro involucramiento en las actividades sociales, culturales y políticas de esa etapa nos llevan forzosamente a narrar algunas experiencias desde nuestra perspectiva, habrá otros que participaron en los mismos eventos que su versión será muy distinta. Bienvenida la diferencia.
Algunos preferimos irnos por la “cuenteada-chismolera” superficial a veces, por la “narración” casi “crónica” de detalles imperceptibles para otros pero que consideramos vitales. El testimonio libre como resultado terapéutico de las reuniones nos dio una visión más honesta. Esta amplitud nos dio la posibilidad de disfrutar abriendo un camino mucho más confiable e interesante para los que participamos, pactamos el desafío de expresarnos de cualquier forma buscando la claridad, usando todos los medios. Aún con el atrevimiento de no enjaular nuestras palabras en lo estricto y formal de la ortografía y la redacción ortodoxa para mantener la frescura y candidez de la convivencia. A veces usando la pluma y el papel, a veces la servilleta mojada por las lágrimas, y otras, las más, por la risa colectiva rememorando algunos sucesos agradables. La oportunidad de conocer los recuerdos guardados cuidadosamente en los cajones, el reconocer caras en fotografías de blanco y negro, recordar las canciones o poemas de ese tiempo y sobre todo hablar, expresar...
Acomodar esa experiencia en papel ya es otra cosa, no es lo mismo contarlo con la emoción del momento a sentarse frente a las teclas. Lo experimentamos con todos sus riesgos y esto salió. Lo hicimos con la mejor intención de recordar y compartir nuestras experiencias deseando conocer las de otros. Y más que tratar de ser “investigadores científicos” o “ensayistas socioacadémico especializados”, hemos tomado los caminos que nos ofrecen las letras para irnos por el lado libre, creativo y divertido. A veces hasta anárquicamente hemos soñado con la posibilidad de comunicar nuestra realidad preparatoriana sesentayochera, en una publicación y a decir verdad, nos organizamos básicamente para eso.
Si lo anterior le sirve a alguno de los lectores para darse una idea de nuestra visión, problemas, limitaciones, preocupaciones, sueños y logros en esos tiempos, nos damos por bien servido.
Ojalá todos tuviéramos la posibilidad de expresar nuestros pensamientos, sentimiento y deseos con la soltura de la práctica de esa libertad.
El desafío fue muy difícil desde el principio pero confiamos en que esta no será la última vez que lo intentemos. Hemos aprendido a hablar escuchando, nos hemos atrevido a poner la primera letra de la palabra comunicación; Este es un primer escalón, y como tal el más difícil.
Tratar de expresarse claramente por medio del lenguaje es una de las actividades más complicadas del ser humano, y a la vez es una de las actividades lúdicas que lo diferencía de los otros animales. Desarrollar y cultivar este hábito es muy gratificante. Debemos confesar que el disfrute de realizarlo es insustituible y que la sola idea de derrotar el “Alshaimer Histórico” es básicamente nuestra motivación primaria, ya que nuestro país merece recordar los hechos que la construyen día con día.
Que no se lleve un registro de todos los aportes de gentes comunes y corrientes es una deficiencia que debe ser cubierta, en principio, por los propios participantes.
La intención es reencontrar nuestra historia, y recontarla.
La intención es no perder la memoria y tener el valor de reconocernos en los hechos.
La intención es contar nuestra visión para colaborar con el mosaico general de nuestra herencia y entender un poco más “porque somos así”.
La intención es vivir la creatividad partiendo de nuestras propias vidas.
Sabemos que no es suficiente pero tendríamos que señalar que nuestro experimento no contó con apoyos económicos (Que deberían de existir). Y que estamos conscientes de que hemos llegado a un nivel, limitado quizás, pero pensamos que se puede continuar esta aventura, que la acción se puede repetir. Queremos hacer el señalamiento y a la vez la invitación a las Instituciones de Cultura para que apoyen este tipo de proyectos, y sobre todo invitar primero a los participantes de la experiencia Preparatoria Popular en sus variadas etapas y también a los participantes de otras experiencias vitales para el crecimiento de nuestro país a que las comuniquen, de la forma que les resulte más interesante.
El mundo tiene que saber, aún falta mucho por reencontrar, falta mucho por recobrar, aun falta mucho por investigar y registrar en nuestra historia común. ¿En donde están los apoyos para este rescate de la memoria histórica de nuestra ciudad? Apoyos que no se deben de mendigar sino exigir. Ahí otra faceta de la lucha.
Conocer nuestras raíces nos da la posibilidad de construir un mejor futuro.
Trasmitir nuestras historias a las nuevas generaciones hará más clara su visión y abrirá plenamente la posibilidad de una intercomunicación sana.
Hagamos de esta una responsabilidad en el presente, y una práctica constante. Sigamos construyendo juntos ese sueño alcanzable: Educación Popular.

                                               !Adelante!
   

ps.- Ojalá que ustedes lo disfruten también.    !Gracias a la vida!